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04 enero, 2010

El 2009 en libros

No he leído mucho en 2009. No tanto como me gustaría, al menos. En parte, por los meses finales de bachillerato; en parte por los primeros meses de universidad; y en parte por la pereza de buscar lecturas que realmente me interesaran, que lo de leer por leer nunca ha sido lo mío. Quería, sin embargo, hacer un pequeño repaso a lo que ha supuesto este año en este sentido, porque he tenido la fortuna de que, aunque haya leído poco, gran parte de lo que ha llegado a mis manos me ha gustado mucho.

De lo que he leído, tengo que destacar sin duda La maravillosa vida breve de Óscar Wao, libro del que me esperaba muy poco pero que acabó enamorándome. También descubrí este año El palacio de la Luna y con él, a su autor, Paul Auster, o El Perfume, que también ha tenido el honor de convertirse en uno de mis libros preferidos. La ciudad y los perros fue otro de esos libros que se convirtieron en una revelación y pasaron a subirse a mí podium de Favoritos rápidamente, y con Crónica de una muerte anunciada me reconcilié con un Gabriel García Márquez del que ya había intentado (sin éxito) leer alguna obra. El lector fue una novela de la que nada esperaba, pues había visto la película previamente y me había gustado demasiado como para que esperara ser capaz de evitar las comparaciones, pero que me sorprendió gratamente.

Si nos vamos a la fantasía o la ciencia ficción, la primera este año tiene nombre propio para mí: El nombre del viento, primera novela de Patrick Rothfuss (y primera parte también de una trilogía), cuya cuidada prosa es pura poesía. Carmilla, de Sheridan LeFanu, fue en cambio un soplo de aire fresco en un momento en que todas las historias de vampiros con las que me encuentro están situadas en institutos y protagonizadas por chicas con las que no consigo identificarme en absoluto. La segunda categoría también tiene nombre propio y ése es sin duda Los cantos de Hyperion, de Dan Simmons, de nuevo, una gran sorpresa con la que no esperaba encontrarme. Tengo que mencionar, además, que este año descubrí la saga Cazadores de sombras, que si bien no creo que esté a la altura de los títulos anteriores, tiene en mí a una gran fan.

Las últimas lecturas del año también han sido satisfactorias. Iba con ventaja con Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides: siendo la película de Sofía Coppola una de mis preferidas, ya sabía que tenía que gustarme y así fue. Lo devoré en un fin de semana y tengo que reconocer que adoré la forma de narrar, aunque hubo algo en esa marcada distancia que el narrador crea entre nosotros y las protagonistas que hizo que no conectara totalmente con la historia.

Los juegos del hambre
y Catching fire (en español saldrá el 21 de enero, si no me equivoco, y se llamará En llamas), son los dos primeros libros de una trilogía que lleva el nombre del primero. Fueron recomendación de Roser y no me han decepcionado en absoluto. Debería avisaros de que es ciencia ficción (supongo) juvenil y que está escrita en primera persona y presente por una adolescente de 16 años con más sentido común, sin embargo, que Bella Swan y algunas otras. Dicho esto, la verdad es que engancha hasta niveles alarmantes. La premisa no es nueva, pero el universo creado es rico, también lo son los personajes y la sociedad que comienza a pincelarse en el primer libro se torna mucho más real y cercana en el segundo, donde veremos las consecuencias (políticas y sociales) de algunos sucesos de las páginas finales de Los juegos del hambre. Sin duda, esta saga (que ya ha vendido sus derechos para la adaptación cinematográfica) tiene aquí una fan de tomo y lomo.

El 2009, sin embargo, ha tenido también sus decepciones, a pesar de la gran suerte que he tenido en general. Las decepciones las encabeza un Tokio Blues que ya sé que me ganará muchos detractores pero que no, a mí no me ha gustado. Una forma de narrar preciosa, cierto, y muy cuidada, pero que dejó vacía y me hizo sentir que había dejado por el camino mucho potencial. Aquí también coloco El árbol de la ciencia y sí, sé que muchos me mataréis por esto, pero tanto el estilo como el protagonista se me hicieron secos y fríos y la dosis de filosofía que tanto suele interesarme no compensó en absoluto. Casa de muñecas también fue una pequeña decepción, ya que aún gustándome, no cumplió mis expectativas. De A tres metros sobre el cielo ni hablo porque aún no lo he terminado ni parece que vaya a hacerlo nunca. No sé si soy muy poco femenina, pero cada día me queda más claro que el romance en una historia, sin más compañía, nunca va a ser lo mío.

Y una vez narrada esta biblia, aceptaré que ya tengo un buen montón de libros a leer este año, además de dos que acaban de añadirse en este mismo momento a mi lista, Ébano (de Ryzsard Kapuscinski), Rabia y La larga marcha (ambos de Stephen King), todos sacados de la entrada de un blogger al que sigo más por sus entradas televisivas que literarias, pero que me ha sorprendido con algunas recomendaciones interesantes aquí.

Ahora sí, con esto y un bizcocho... hasta mañana a las ocho :)

ps. No, no se me olvida: ¡Feliz 2010!

2 comentarios:

Elwen dijo...

No creo que nadie deba echarte los perros encima por lo que te gusta y lo que no. Yo coincido en unas, en otras no y unas cuantas están en mi lista de pendientes. A ti te debo haber conocido a Nemirovsky que aunque no te llenó del todo, yo encontré un maravilloso estilo literario. Como dice mi novio, a veces (para mi pocas) no importa lo que escribe sino cómo lo escribe.

Homo libris dijo...

Pues la verdad es que es una lista completita... no todos los tiempos dan para leer tanto como quisiéramos, y unos vienen más cargados que otros, pero entre los que citas hay algunos títulos y autores que considero imprescindibles (aunque esto es una apreciación, por supuesto, del todo personal); Auster, García Márquez, El Perfume o El lector, entre otros.

Respecto a los que no gustaron, como apunta Elwen nadie debería culparte por ello. En esto, como en tantos otros aspectos, es el gusto personal el que tiene mucho que decir, y en la variedad se encuentra precisamente aquel.

Un saludo, y feliz nuevo año. Que venga plagado, al menos, de tantas buenas lecturas como 2009.

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